A mis manos han llegado esta serie de pergaminos… Hiruma Naru-San me los a otorgado, parece ser una especie de registro y debo suponer que debo continuarlos. Es una idea astuta, así tendremos un recuento de cuantos de los nuestros han perecido en… bueno, el transcurso de nuestras responsabilidades otorgadas.
Pero que modales los míos, Samurai lector. Me presentaré, soy Iuchi Samîr, un Shugenja del clan unicornio, así es… puede que sea un nombre extraño para la mayoría, sin embargo, tengo mis razones para ello y no te dejes engañar…son muy buenas razones, pero me distraigo como siempre… claro, esa es otra historia.
Yasuko-san había sido ahorcada hace relativamente poco tiempo, nosotros habíamos terminado de completar una parte de nuestro deber y terminado nuestro Gempukku. Hace falta que describa a "nosotros"?... claro que sí! No dejare que te quedes con la impresión de un cangrejo, solo porque escribió un pergamino antes que yo.
Estábamos "nosotros" en la muralla del carpintero, terminando nuestra rutina. La lluvia no terminaba nunca y la moral seguía tan baja, que mas podrías pedir a un grupo de samuráis mal vistos por toda la muralla?.
Sentado y mirando al cielo, ocupado de mis asuntos mientras me empapaba sin escapatoria. A mi izquierda, a unos metros estaba Kyo.
Armado con su No-dashi, el aprendiz de cazador de Brujas no hablaba con nadie casi nunca, solo le he visto hablar mucho con su Maestro Kaki-Sama el cazador de brujas. Sus actitudes siempre me dan mala espina, su mirada me da mala espina, su horrible apariencia llena de cicatrices en la cara me da mala espina, su evidente desquiciamiento hacia el Jade me da mala espina… la verdad intento no mirarlo mucho, porque me da mala espina.
A su lado, un cangrejo de gran estatura vigila con sus tetsubo en la mano. Hida Kanamishi es su nombre, antes no comprendí como podría ser que Kanamishi estuviera en la misma condición que el resto de nosotros, parecía ser un gran guerrero y lo era, sin embargo a veces sufría unos ataques muy raros en los que temblaba mucho, la enfermedad de los iluminados parecía atormentarlo y tal ves esa era la razón por la que estaba aquí.
A mi derecha estaba Hiruma Naru, un explorador amante de las hojas de te. Casi en cada retorno, Naru preparaba te para todos. Bueno, aunque a veces ni podía ver a Kyo… unos pequeños conflictos entre ellos, pero se resolvía rápidamente con un par de miradas.
Y alejado de nosotros, yace el marcial Hiruma Ideku, de él solo que en batalla parece como si los mismos kamis hicieran posesión de su cuerpo. El tipo vive para el combate, su extraña personalidad es indescriptible, pues se limita a luchas y la mayoría de las veces pasa de socializar con los demás.
Volvíamos de la muralla ese día, nos íbamos a nuestros aposentos. Un frió lugar confeccionado de roca sólida, camas extrañas, una encima de otra y uno que otro roedor de ves en cuando… pero no podía ser peor que ver a todos esos onis atormentando la muralla. La verdad comenzaba a acostumbrarme a nuestro lugar de descanso. Ideku se había ausentado, no volvía junto con nosotros, la verdad nunca supe a donde se dirigía.
Un fuerte golpe en la puerta, Naru-San se dirige a abrir mientras los demás le seguimos con la mirada. Un guardia le espera bajo el portal, tras su enorme armadura nos contempla a todos, con grave vos le pide al Hiruma que se aleje para dar paso a nuestros nuevos compañeros.
Tras el enorme cangrejo, se asoma la primera silueta, un joven Bushi unicornio y de la familia Shinjo según pude reconocer. De largos cabellos y mirada muy serena, el bushi se nos presento como Kaharu. La segunda persona en entrar fue una Samurai-ko Shinjo, también muy joven. Shinjo Murasaki parecía estar siempre sonriente, carácter simpático, como el mío antes de llegar aquí. Le siguió otro Shinjo, llamado Akira, este era muy joven, no dijo muchas palabras. Después, un hiruma, supuse por sus ropas… Hiruma _____, parecía conocer a Naru-san, ellos conversaron un rato, pero no oí muy bien sus palabras. Por ultimo se presento Kuni _____,. Evidentemente Shugenja del cangrejo, debo mencionar que todos en la sala parecían estar asombrados ante su presencia, definitivamente la fortuna Benten le había bendecido.
Tan pronto como el guardia se fue, Ideku regreso con aspecto muy agotado… trate de preguntarle que le había sucedido, pero me respondió con un rotundo "no te interesa", nunca ha sido muy sociable como explique anteriormente. Los unicornio se acercaron a mi. Claro que si, con este grupo y sus caras no muy amigables era de esperarse. De inmediato me presente ante los dos. El primero, Kaharu, parecía estar asombrado por mi nombre, sabia que era precedencia Gaijin, y antes de que pudiera seguir su interrogatorio, le confesé que era una historia que algún día le contaría con mas detalle. Mas de cerca note un extraño tatuaje en la frente de Murasaki, parecía ser un pequeño diamante verde, tan pronto se percato de mi mirada, ella me explico que daba buena suerte. Me asombre de tan extraña resolución, no pude evitar tocar el tatuaje…ahí fue cuando las visiones empezaron de nuevo.
"Durante la confusión de las imágenes en mi mente, puede divisar a lo lejos lo que parecía ser una llanura verde, Murasaki esperaba en silencio y pronto Kaharu-San se situó junto a la Samurai-ko, lo que divisaba parecía ser un encuentro"
Pronto volví a poseer control de mi cuerpo, y me aleje de ella tapándome los ojos… Aunque seguían mirándome me excuse de estar cansado y me dirigí a mi cama, me tape con la única sabana que tenia y cerré los ojos… no me gustan las visiones, no las soporto, digan lo que digan es un verdadero problema… este lugar me llenaba de pesadillas y malestares, un lugar maldito sin duda, lleno de espíritus malignos…quisiera estar lejos de aquí, en el desierto, observando las estrellas…como me gustaría volver a ver las estrellas una ves mas… me quede dormido…
En mis sueños, mi abuelo me decía que me concentrara, que me alejara de las creencias y me centrara en la magia. Paciencia, siempre paciencia.
En la mañana siguiente, como de costumbre, Hida Bikomi-Sama quien estaba "a cargo" de nosotros entro en nuestros aposentos. Los mas experimentados, literalmente saltamos de nuestras camas (Excepto por Kyo, pues prefería dormir siempre en el piso) ante su llegada. Como de costumbre, también ladro nuestras siguientes ordenes, las que consistían en movilizarnos hasta el norte de la muralla, después de desayunar algo rápido. Sin mas, nos dieron algo de raciones para el viaje tras la muralla, un viaje largo y poco grato nos esperaba, los demas samurais cangrejo nos miraban recelosamente… eramos la vergüenza de la muralla y nos lo hacian mirar con empujones "accidentales". Tratamos de seguir sin causar mayores problemas, pronto comenzo a llover. La lluvia extrañamente quemaba, no me di cuenta de cuando ocurrio… pero todos comenzaron a correr para cubrirse de la mortal lluvia. Nos ocultamos bajo un pequeño techo, que parecia estar diseñado para estas situaciones… una ves que la lluvia ceso, seguimos nuestro viaje.
Mas adelante parecia que varios samurai centraban su atención bajo la muralla. Nos acercamos a ver, y reconocimos a la criatura manchada que antes vimos…bueno, medio manchada, pues según decian los rumores, una ves fue un samurai y ahora estaba protegido por una fortuna que impedia corromperlo. Mientras los samurais de turno le arrojaban víveres, el extraño sujeto parecia estar satisfecho y como no…antes de irse, tomo una ves mas su flauta, interpretó una melodía y después simplemente dio media vuelta para irse nuevamente a las planicies de las tierras sombrias como si fuera lo mas normal del mundo… me senti aliviado con su musica, de echo fue de gran ayuda para continuar y olvidar un poco el horrible paisaje en que me encontraba.
El resto del dia consistio en viajar por la muralla, nuestro grupo llego a su primer destino. Ante nosotros, el guardia cangrejo sostenia su tetsubo y como ya es de suponer, no estaba muy contento con nuestra llegada...
Kyo se hacerco para hablar con él, le pidio un poco de jade y al parecer no tuvo mucha suerte… son cosas que suceden cuando tu caravana no es la mas popular, ni la mejor reconocida.
El tipo se nos presento como Hida _____, cerca de él estaba un joven bushi al que llamaba ______ … curioso, parecia ser tan perdedor como nosotros.
______ intentaba prender fuego, por lo que pude ver, su fogata se limitaba a un monton de falsas esperanzas por secar nuestra ropa. Menos mal, Naru-San le ayudo y rapidamente obtuvimos un buen fuego. Como es costumbre de nuestro amigo, el explorador Hiruma, preparo una gran cantidad de Té. Kuni ____ ofrecio compartir su té conmigo, bueno obviamente acepte. Ambos guardias parecian estar mas contentos ahora, al menos ya nos dirijian mas la palabra. Por otro lado, el nuevo compañero Hiruma ____ parecia estar fumando. Recorde ese olor de inmediato, era tabaco, verdadero tabaco de tierras Gaijin. Una extraña costumbre si consideramos que es una cangrejo después de todo… pero quien soy yo para hablar de costumbres extrañas, parece que la misma forma en que respiro, les parece extraño a la gente aquí en Rokugan.
Hida _____ se acerco a Hiruma_____, en un abrir y cerrar de ojos ambos fumaban contentos de la vida. Prestando un poco mas de atención, pude ver como Hida le regalo una bella pipa, el nivel artesania del objeto parecia tener valor, tal ves confeccionada por algun kaiu. Quien diria que estos tipos podrian hacer murallas hasta en sus pipas, ese aspecto tenia el objeto si me lo preguntas.
Terminamos de beber té y ya era hora de continuar con nuestros deberes. Nos paramos en la muralla y empezamos la guardia. Samurai, este lugar es tan increíble como tambien peligroso. Es difícil estar aquí, caminando sobre la fria piedra, la lluvia sobre nosotros, las miradas serias y poco amigables, los gritos mas alla de lo que tus ojos creen ver, un horizonte oscuro y misterioso parece llamarte. Aprendo de estos cangrejo todos los dias a mantenerme vivo, ante las sombras, las miradas siempre firmes y orgullosas y ante el enemigo, desatar la furia castigadora sin piedad. Luchar como si cada dia fuera tu ultima batalla, que puedo decir samurai, este lugar es aterrador.
Como ya estabamos de pie y observando, me dedique a hacer algo realmente productivo. Comence a tocar mi tambor tan fuerte como pude, cada ves que lo hago, me miran como si fuese el visitante mas indeseado que pudiera haber llegado aquí. Si claro, pero sabes que samurai? Solo puedo decirles… Ingenuos!, no puedes confiar unicamente en tu katana y en tu brazo, mas halla de lo que sus pequeños ojos se limitan estan los espiritus. Malignos todos en este lugar maldito por el mismo innombrable, todos ellos nos miran y nos desean lo peor, nos torturan con sus celos y solo los ingenuos no pueden darse cuenta… es por eso que este tambor nos ayudará, cada golpe del tambor aleja a los espiritus malignos. Puede que no lo entiendan, pero mi tambor se escuchara de aquí hasta las arenas ardientes si lo desea mi voluntad.
Hubo interes en Shinjo Kaharu y Murasaki-San, les explique a ambos el asunto, pero solo Murasaki parecia entender realmente mi devocion por lo que hago, como desearia que mis demas compañeros le dieran tanta importancia como ella. Una ves que acabe, saque un incienso y dije algunas plegarias mientras dejaba que la escencia se esparciera por el aire, una ves mas, solo la samurai-ko me ayudo.
En el lejano cielo, algo se aproximaba a gran velocidad. Unas bestias aladas atacaban la muralla, eran enormes, rostros como de lagarto y cuerpo de serpiente, sostenidas por sus membranosas y descuidadas alas, nos intentaron alcanzar con sus filosas garras.
Senti que alquien me quitaba el calor de mi cuerpo, me eche al piso sin poder atacarles, evidentemente el miedo hacia estragos en la muralla, en las mismas condiciones, Kaharu permanecia no muy lejos del resto. Hideku les esperaba con su tetsubo, mientras el panico parecia asolarnos, el cangrejo estuvo pendiente de uno en particular, hasta el momento del choque.














